4 oct. 2010

Libras de mi Corazón Episodio 1: Mi querida Giselle


A la que viste y se perfuma de otoño por su nacimiento, mi querida Giselle:

Frente a la fuente de los coyotes con un pesado tomo de viejos secretos en las manos, a la sombra de las que parecen perennes hojas de un árbol, espero por tí. Así como las uvas del más reluciente verde pueden contener un océano de vinagre, ya no encuentro magras las visiones de parejas mutuamente sosteniendo sus brazos, ahora contienen dulce y suave aroma del soñarte a tí, a nosotros igual que a ellos.

El refrescar tu voz y mirada en la memoria ha dotado mi melancolía con su belleza. ¡Ah, tu maravillosa mano y su tacto que bien me ha hecho!

Son todos los ruidos de Domingo, las risas de los niños y el tintinear de relicarios en la iglesia los que me envuelven y no así una canción de amor dedicada en secreto. Hoy que te adorna el sol al sentir que has bailado con él otra ronda.

Mi añoranza y necesidad de verte son calmadas con la reflexión de tu querer de paz en esta fecha. Por eso una sonrisa con sabor a nuevo cruza mis labios y ensancha la barba en mi rostro, de que vuelvo a encontrarte y tu verme con las heridas transformadas en cariño palpitante.

Hermosa mujer de otoño, me recorre el anhelo de estrecharte por todos los instantes de eternidad en la que coincidimos mientras quede tiempo bajo el cielo. Cierro los ojos dejandome atrapar por el comfort de ese futuro que vuelvo a sentir cierto.

Ya no es cultura de novelo sino de bolero la que se escribe sobre mis propias hojas que vuelven a relucir y parecen perennes como aquellas que invocan esta fresca sombra frente a la fuente de coyotes, donde con las palabras de mi libro, espero por tí.