Un libro se esconde (Parte 1)
El día lo cubre un gris que matiza todos los colores, que aplana las sombras, ese gris altísimo y uniforme que es un recordatorio de lo que significa invierno. El viento corre por las calles que aún extienden sus manos fantasmas queriendo atrapar la humedad, el soplo de los querubines sigue su marcha rápida, queriendo esquivar a los peatones y aún así chocando con ellos, como si alguien persiguiera el viento, un aire que desea darle la vuelta al mundo de la forma más rápida posible. Es medio día y aún así las sombras no se han aparecido desde el amanecer, toda la luz es plana, las texturas planas, los rojos y azules oxidados, desapareciendo por el poder del día nublado. Sólo el verde de todas las hojas deja brillar las perlas de rocío en su contraste contra la realidad en tonos sin color, un último bastión indicando que aún son meses de primavera, con todo y que se dio un día de descanso para que los suspiros del norte jugaran libres sobre el cemento. Una mesera de lindas caderas...