4 ene. 2016

Viento. Acto 1 escena 1



Viento.
Personajes:

Quetzal, hombre delgado muy alto de 30 años. Escuálido y barbado.

Giselle, Mujer fantasma en tutú de ballet. Representa un amor mal correspondido que aún responde con cariño en su voz.

Natalia, Alaide y Marysol, Mujeres Fantasma de cabello negro y largo, con anteojos y diversas complexiones. Visten de blanco. Representan los amores mal correspondidos y su culpa, su voz es de incómoda indiferencia carada de melancolía.

Acto 1, Escena 1

Habitación en penumbra, sólo una cama recargada en la pared.

Inicia música.



Un rostro en blanco y negro se proyecta sobre la pared y la cama. Un screen test de una antigua actriz podría funcionar
Quetzal se levanta de la cama, se sienta en ella con sus manos sobre su rostro. 


Giselle entra en la habitación bailando, sus movimientos son ejercicios de danza, con ellos cruza la habitación.

En una esquina, aún en penumbra y sólo visibles por el contraste de sus vestimentas en blanco, Natalia, Alaide y Marysol yacen de pie juntas, en silencio, observando la escena.

Durante toda la escena Giselle baila mientras realiza su dialogo, en ocasiones se acerca a Quetzal, su contacto produce en Quetzal escalofrió y disgusto, pero el cortar tal contacto provoca suspiro.

 Giselle: Dice que ya no existe.

 Non serviam. No he de ser tu esclavo, madre Natura; seré tu amo.

Te servirás de mí; está bien. No quiero y no puedo evitarlo; pero yo también me serviré de ti. Yo tendré mis árboles que no serán como los tuyos, tendré mis montañas, tendré mis ríos y mis mares, tendré mi cielo y mis estrellas.

Y ya no podrás decirme «Ese árbol está mal, no me gusta ese cielo... los míos son mejores».

Yo te responderé que mis cielos y mis árboles son los míos y no los tuyos y que no tienen por qué parecerse. Ya no podrás aplastar a nadie con tus pretensiones exageradas de vieja chocha y regalona. Ya nos escapamos de tu trampa.

Adiós, viejecita encantadora; adiós, madre y madrastra, no reniego ni te maldigo por los años de esclavitud a tu servicio. Ellos fueron la más preciosa enseñanza. Lo único que deseo es no olvidar nunca tus lecciones, pero ya tengo edad para andar solo por estos mundos. Por los tuyos y por los míos.

Una nueva era comienza. Al abrir sus puertas de jaspe, hinco una rodilla en tierra y te saludo muy respetuosamente.

  El arte es mentira Quetzal ¿Sabías?

 Quetzal: Siempre lo intuí.

 Giselle: Igual que el imaginario, el logos.

 Quetzal: ¿Hay alguna cosa que no sea mentira entonces?

 Giselle: Dicen que la experiencia.  Aunque son percepciones, traducciones cerebrales.

 Quetzal: Entonces sólo escogemos nuestras mentiras

Giselle: Ajá.

 Y mientras más artificiales sean, mejor.

  No sé quien, fue antes de Brecht, que ahorcaban a alguien en una escena de teatro.
 Había un condenado a muerte, pidieron permiso para que lo ahorcaran de verdad en escena,  y nadie lo creyó.

  La crítica dijo que fue mala actuación.

 Quetzal: En la Opera, mujeres rollizas de cuarenta simulan ser mujeres delgadas de dieciséis.

 Las cabezas de verdad, una vez cercenadas parecen y rebotan como plástico; En la vida falsa sólo se cree si actúan como piedras.

 Giselle: Parece que preferimos las mentiras.

  Todo lo construimos.

Quetzal: Pero no hay nada que no sea mentira,  por eso sólo podemos hacer eso.

 Giselle: Sí, por mucho que se esfuerce uno por ser verdadero pasa por mentiroso.

 Quetzal: La falla entonces es cuando nadie quiere creer las mentiras; las de los demás, las propias.

 Giselle: ¡Ah! Es que lo que gusta son las mentiras espectaculares.

Quetzal: Tontas mentiras humildes que quieren pecar de sinceras.

Giselle: Mejor será disfrazar la verdad de mentira.

 Quetzal: Pero todo es mentira, un bufón no puede disfrazarse de bufón.

 Giselle: Pero puede aparentar ser más bufón o ser no bufón.

 Quetzal: Entonces sólo es un embustero, y deja de ser bufón.
  Sigue siendo sólo una mentira diferente.

 Giselle: Una que llame más la atención.
  Que engatuse.

 Quetzal: Pobre bufón que deja de ser él por atención; Trata de ser diferente para que crean que sigue siendo él. Traicionando lo que es, sólo porque el bufón depende de los demás, en caso distinto el monologo y la bufonería de uno es solamente desquicio y ensimismamiento.

 Giselle: Pero puede hacer la mentira que él quiera.
  No le tengo tanta lastima

Quetzal: Como cualquier otro podría hacer la mentira que quisiera, siempre y cuando deje de ser bufón, ese sería su sacrificio, su precio a pagar. Si pudieras hacer todo, menos tu vocación, si pudieras visitar cualquier lugar, menos el que deseas, si pudieras ser quien quisieras, menos quien eres ahora, ¿lo serías?

 Giselle: Sí, y poco a poco trataría de ser lo que deseo como mentira.
  Hay que sembrar dudas como mentiras.

 Quetzal: Al final de la historia, ¿Quién sería el embustero?

Giselle: Yo

 Quetzal: Mejor que dejen caer la cortina, si al actor, ya no le interesa seguir leyendo líneas

 Giselle: Sí sigue leyendo líneas. Puede escoger las que quiera leer.
  Puede elegir, aunque claro, puede elegir no leer ninguna.
  Igual seria mentira.

 Quetzal: Pero aun así lo hiciera, seguir leyendo líneas, ¿Qué sucedería con los demás papeles? ¿Qué actriz sustituiría las líneas de la amada, fallecería ese personaje, la obra sería igual de buena?
 ¿Qué espectador se quedaría a semejante presentación?

Giselle: La escena debe mantenerse ante todo.
  Si falta uno debe parecer que no falta, que está completa la obra.

 Quetzal: ¿El aplauso de quién alimentaria a los actores?

Giselle: Se aplauden entre sí, no lo hacen por el espectador, lo hacen por hallarse a sí mismos.

 Quetzal: La máxima que separa los grandes actores, de los pretendientes: “El espectáculo debe continuar".

 Giselle: Ante todo.

 Quetzal: Sólo aquellos con la vocación en sus almas seguirán, hasta el último acto.

 Giselle: Si el acto así lo pide.

 Quetzal: ¿La vocación estará en mí?

 Giselle: No lo sé.

 Pero podrías hacer que el director te pusiera un mejor papel.

 Quetzal: ¿Puede el alegre siervo vestirse de triste y engañado rey?

Giselle: Oh, por supuesto.
  Los reyes tienen muchas privaciones.
  Algunos no dejan ni que les de la luz del sol, otros tienen que dormir sentados sin inclinar la cabeza.

 Quetzal: Orlando se queda con Rosalinda, el noble se convierte en un vago para contemplar el mundo y entender la naturaleza humana de lejos.
  Supongo que así tenía que ser.

 Al bosque entonces, al bosque.

 Giselle: Fue un mejor destino para Rosalinda.

 Quetzal: El mejor de todos, el más feliz, el que se requería, el vago al bosque.
  
Solamente eso.

 La siempre bella y hermosa Rosalinda.

La dulce y cándida Rosalinda

 Giselle: De Rosalinda y Orlando nada sé.

 Quetzal: Sí sabes, sólo que es un guion viejo de nuestra farsa.

Giselle: En algún momento pensé que eran Horacio y la Maga.

 Quetzal: La Maga tal vez ande en el fondo del Sena. Horacio trabaja cómodamente con locos, imaginándose que las sombras son la Maga, que quienes están cerca son Talita, cuando realmente sólo es la noche, la noche y un cigarrillo.

 Giselle: Así es como termina.

 Quetzal: Así es, sólo la noche y un cigarrillo en el manicomio.

 Giselle: Y la maga ¿Qué compañía tendrá?

 Quetzal: Es una estrella que Horacio ya no encuentra.

 Giselle: Ya no la ve, ni porque la noche es lo único que lo acompaña.

 Quetzal: ¿Una nube, una constelación que ha cambiado? Las cartas estelares dicen que debería estar en ese punto como siempre, pero no.

 Giselle: También es un método riguroso.

 Eres un libra raro Quetzal.

 Quetzal: No he conocido nunca a un libra coherente con nada, excepto con su indecisión.

Giselle: Y tú eres indeciso.

 Quetzal: Como cualquier libra

 Giselle: ¿Achaques en los riñones? ¿Tendencias artísticas?

 Quetzal: Nunca

 Giselle: ¿Vivir en el mundo de las ideas?

 Quetzal: Más bien mucho tiempo libre e incapacidad para la enajenación común.

 Giselle: Eso está mejor.

 Quetzal: Sólo me queda repetir lo que leo y como suena en mi cabeza.

 Giselle: Creo que solo repetimos.
  Dicen que hasta que aprendemos, pero tal vez aprendemos porque repetimos.

  Las rebeldías son lo mismo

 ¿Leer líneas verdad?

Quetzal: Sólo líneas de un papel que desconocemos.

 Giselle: A veces me da mucho miedo Quetzal.
  
Me pregunto que estoy haciendo.

Y entonces acepto, y sigo.

  Antes quería un maestro, un príncipe que me salvara de las brujas y ladrones y balas.

 Quetzal: Y ¿Ahora?
 Giselle: Me digo siempre, como en la película:

 "Yo no le tengo miedo a nada.
  Ni a las brujas,
  ni a los ladrones
  ni a los balazos".

  Así, según se dé el caso.

  Mira, Yo pongo acentos a medias.
 Digo eso, y después me rindo.
  Da igual si pasa algo malo o no,
  y creo que eso me ha salvado.

  
 Ay, me prometí que iba a ser secreto. Pero de verdad me rindo.

Quetzal: Rendirte ¿A qué?

 Giselle: A que pasara lo que fuera,  pero no pasó.

  Creo que fue porque me rendí.

  Así no tiene chiste

 Quetzal: Ayer releía varías cartas tuyas:

 "Siento que todo debería hacerse por los demás, no siento que tendría chiste si fuera diferente".

 Giselle: Lo sigo sintiendo.

  Pero ahora creo que empieza en uno.

 Si no, no me incluyo en el mundo, y si no estoy, no hay un Yo en el mundo que haga por los demás.

 Quetzal: "Las palabras son bonitas, no sirven de mucho, pero así me siento más libre, al menos así puedes guardarlas y leerlas otra vez en cinco meses, cinco años, quince años, y saber que alguien te quiere mucho, mucho"

 Giselle: ¿Desde cuándo me he preocupado por que las cosas sirvan?

 Quetzal: Tienes razón, eso nunca te preocupo.

 Giselle: Ojalá fuera así.

De hecho, acepto esa versión mejor.

Cambiemos a esas líneas.

 Siempre fui como el viento, y nunca le exigí al mundo ni a la vida que me diera sentidos.

 Si acaso sé algún significado, es porque me fue regalado.

 Quetzal: ¿Cuándo dejé de ser viento?

La proyección termina, sólo se queda una ligera luz sobre Quetzal.
Quetzal voltea a ver la esquina donde yacen Natalia, Alaide y Marysol. Ellas se retiran dándole la espalda.
Giselle ha desaparecido.

Fin de escena.

26 jun. 2015

Mis Subrayados: Deathbird stories por Harlan Ellison



“To me God does not yet exist; but there is a creative force constantly struggling to evolve an executive organ of
godlike knowledge and power: that is, to achieve omnipotence and omniscience; and every man and woman born is a fresh attempt to achieve this object....


“The current theory that God already exists in perfection involves the believe that God deliberately created

something lower than Himself when He might just as easily have created something equally perfect. That is a
horrible believe…
---GEORGE BERNARD SHAW
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 “When inward life dries up, when feeling decreases and apathy increases, when one cannot affect or
even genuinely touch another person, violence flares up as a daimonic necessity for contact, a mad
drive forcing touch in the most direct way possible.”
--Rollo May, Love and Will
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 Worship in the temple of your soul, but know the names of those who control your destiny. For, as the God of Time so aptly put it, “It’s later than you think.”
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She pushed away from me, tossing her head so the auburn hair swirled away from her face. Her eyes were dry.
Ghosts can do that. Cry without making tears. Tears are denied us. Other things; I won’t talk of them here.
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I sat down on the curb and thought about the years since I’d died. Years without much music. Light leached out.
Wandering, Nothing to pace me but memories and the unicorn. How sad I was for him; assigned to me till I got my
chance. And now it had come and I’d taken my best go, and failed.

Lizette and I were the two sides of the same coin; devalued and impossible to spend. Legal tender of nations long

since vanished, no longer even names on the cracked papyrus of cartographers’ maps. We had been snatched
away from final rest, had been set adrift to roam for our crimes, and only once between death and eternity would
we receive a chance. This night...this nothing special night...this was our chance.
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Oh, how I sorrow for anyone who has never seen the world-famous Saint Louis Cemetery in New Orleans. It is
the perfect graveyard, the complete graveyard, the finest graveyard in the universe. (There is a perfection in some
designs that informs the function totally. There are Danish chairs that could be nothing but chairs, are so totally
and completely chair that if the world as we know it ended, and a billion years from now the New Orleans horsy
cockroaches became the dominant species, and they dug down through the alluvial layers, and found one of
those chairs, even if they themselves did not use chairs, were not constructed physically for the use of chairs, had
never seen a chair, still they would know it for what it had been made to be: a chair. Because it would be the
essence of chairness. And from it, they could reconstruct the human race in replica. That is the kind of graveyard
one means when one refers to the world-famous Saint Louis Cemetery.)
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Lizette and I were two sides of the same coin, cast off after death for the opposite extremes of the same crime. She had never loved. I had loved too much. Overindulgence in something as delicate as love is to be found monstrously offensive in the eyes of the God of Love. And some of us--who have never understood the salvation in the Golden Mean--some of us are cast adrift with but one chance. It can happen.
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 “This is Heaven. But let me explain.” Griffin had not considered an interruption. He was silent and struck dumb.
“Heaven is what you mix all the days of your life, but you call it dreams. You have one chance to buy your Heaven
with all the intents and ethics of your life. That is why everyone considers Heaven such a lovely place. Because it
is dreams, special dreams, in which you exist. What you have to do is live up to them.”
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 Perhaps it was because Norman had never suffered from an excess of oily, curly hair that he had been unable to make it
as a gigolo. Or as Norman had phrased it: “I can’t stand patent-leather on my hair or my feet.” So he had taken the easy way out: Norman Mogart had become a pimp.


Er, let’s make the semantics more palatable. (In an era of garbage collectors who are Sanitation Disposal Engineers, truck drivers who are Transportation Facilitation Executives, and janitors who are Housing Maintenance Overseers, a spade is seldom a spade, Black Panthers please note.) Norman Mogart was an Entertainment Liaison Agent.


Pfui. Norman was a pimp.

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Tears were impossible, yet tears were his heritage. Sorrow was beyond him, yet sorrow was his birthright. Anguish was
denied him; even so, anguish was his stock in trade. For Trente, there was no unhappiness; nor was there joy, concern,discomfort, age, time, feeling.

And this was as the Ethos had planned it.

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..there are men whom one hates until a certain moment when one sees, through a chink in their armour, the
writhing of something nailed down and in torment.

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No God is sane. How could it be? To be a Man is so much less taxing, and most men are mad. Consider the
God. How much more deranged the Gods must be, merely to exist. There can be no doubt: consider the Universe
and the patterns without reason upon which it is run. God is mad. The God of Music is mad. The Timegod
is punctual, but he is mad. And the Machine God is mad. He has made the bomb and the pill and the missile and
the acid and the electric chair and the laser and the embalming fluid and the thalidomide baby in his own image.
For the lunatic Gods there are minuscule pleasures. The beloved of the Gods are the best, the most highly treasured, the most zealously guarded. God is brutal, God is mad, God is vengeful. But all Gods revere innocence. The Iamb, the child, the song. To steal these is to steal from the mad Gods.... But all Gods revere innocence. The Iamb, the child, the song. To steal these is to steal from the mad Gods....

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“You know, you’re really ghoulish. I think you’re enjoying this in some sick way.”

“What other way is there to enjoy it?”

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There was so much to talk about. So now they sat in the street cafe and he could not talk to her. He could not
even look at her. He could not explain that he was a man trapped within himself. He knew she was aware of it, but
like all women she needed him to come only far enough outside himself to let her share his fear. Just far enough
that he could not make it. She needed him to verbalize it, to ask for it--if not help then--companionship through his
country of mental terrors. But he could not give her what she wanted. He could not give her himself.
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He knew what he had to answer to please her, to win her, but he said, “I don’t know what that means.”

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He wanted to tell her his need was not a temporary thing, not a matter of good times only, of transitory bodies

reaching and never quite finding one another. He wanted to tell her that he had lost all belief in his world, a world
that seemed incapable of bringing to him any richness, any meaning, any vitality. But his words--if they came at
all--he knew would come with ill-restrained fury, with anger and sharpness, insulting her, forcing her to walk away
as she now walked away.
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They were an ancient people, with a heritage of enslavement, and so for them anguish had less meaning than the thinnest whisper of crimson cloud high above a desert planet of the farthest star in the sky. But they knew the

uses to which anguish could be put, and for them there was no evil in doing so: for a people with a heritage of
enslavement, evil is a concept of those who forged the shackles, not those who wore them. In the name of
freedom, no monstrousness is too great.
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The War God grows fatter each year, gorged on blood. The Love God fornicates with himself, weakening his

genes, rebirthing as a thalidomide monstrosity. Paingod does his work and doles out his anguish, paying no
attention to the cries of those crushed beneath his millstones. But the Machine God...
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Was Adam being a gentleman when he placed blame on Eve? Who was Quisling? Discuss “narking” as a character flaw.

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