29 sep. 2008

El único amigo que conocí

Viejo y encontrado texto con fechas de por allá del 2001.


Comienzo a escribí ésto como un recuerdo, como mi aprendizaje en los últimos tiempos y como una manera de dejar un rastro mío antes de mi muerte, que será antes del amanecer de mañana:

El amanecer llego como siempre sobre el inmenso mar de arena rojiza del paisaje. Nunca hasta ese entonces me había puesto a pensar acerca del magnífico regalo que es ver la estela del sol en su nacimiento, pero eso ya no importaba.

Es curioso también meditar acerca de lo que han hecho los hombres con esta piedra del firmamento que llaman Marte. Simplemente hay que observar las hermosas hojas purpuras en las plantas que han creado para el planeta y su delicioso olor de vida al recibir el rocío de la atmósfera nueva que revitaliza el ser. Que increíble idea, una atmósfera.

Según escucho, algunos extranjeros dicen que el venir aquí es como vivir en un ocaso permanente o en el amanecer infinito de otro mundo. Me hubiera gustado ser de otro planeta para comparar amaneceres y sentir la maravilla del cielo que a mí me es tan común, tal vez es por que no ha cambiado del todo el bermellón cuadro que enmarca las lunas.

Al caminar por las calles teniendo en visión la vieja cabaña de Michelle; Tengo el honor de llamarlo amigo a él y a sus quiméricas historias conjuradas otrora por mentes soñadoras, o las ciencias en su principio prohibidas sobre las estrellas y los diversos destinos cernidos sobre ellas. Lo voy a extrañar.

He podido percibir a los niños, corriendo como cachorros, libres y despreocupados de todo lo que les depara, hermosos y finos como el aire perfumado que rodea su aura, hermosos como los niños que son.

En mi platica con Michelle, me dio a conocer sobre el primer hombre en un lugar llamado Gea. Sus logros a través de los años, el terror y destrucción que causó y sobre las ciencias que inventó. Algo que me intriga han sido los dioses misericordiosos que el hombre crea para asesinar al diferente y odiar a su igual. También me habló sobre la educación, sus tabúes, sus logros, los castigos y la ceguera general de los hechos.

Y al escribir reflexionó sobre las mismas palabras, en su indiscutible poder sobre cada mente que llega a conocerlas, y creo que tales muletas gráficas, horriblemente bellos sustitutos del sentimiento no son más que una barrera, una barda que se trasciende tarde o temprano y creo pronto será mi turno.

Éste ha sido el primer día de mi vida, hoy nací y hoy moriré. Me fue bueno aprender todo ésto y el conocer a Michelle, y sabes, quisiera que tú me recordaras y algún día en las estrellas verte.

Quisiera haber nacido en otro lugar y haberme podido decir humano.




(Creo ese será mi nombre)