26 mar. 2009

Seguirán brillando sin mí (narración espacial)



Floto en la negrura que me rodea, dentro de mi traje con sus presiones y elementos controlados floto en el espacio, no siento frío, no siento hambre, el traje me alimenta, me mantiene cálido, es mi parásito inverso, pegado a mí, unido a mí, mi enorme pañal que recicla aire, y veo las estrellas, pequeñas, titilando, algo de polvo en la oscuridad del universo, polvo con el tamaño de galaxias tan lejos como sólo puede imaginar un demente, para mí, sólo polvo.

Floto por tercer día, aún me queda un mes antes de que la eficiencia del reciclaje de mi propio líquido me enferme, tres días desde que estallo la nave en la que viajará pensando unirme con mi prometida y sus ojos azules que se habían mantenido castos para mí, para mi noche de bodas, para mi regreso, ahora nunca sucederá, jamás la poseí, y no se si me entristece o enorgullece, sólo silencio, desde la explosión, desde que atrape esta línea de separación de cualquier lugar conocido, pero le doy la bienvenida al silencio, que mi radio fallara, sí hubiera tenido comunicación ¿Qué habrían hecho?, ¿Me habrían buscado? O ¿Sólo me hubieran enviado mensajes confortantes antes de separarme demasiado para ser alcanzado por una señal, pidiendo disculpas, suplicándome por palabras para mi hermosa mujer allá en su planeta, mientras yo sigo esta línea infinita lejos de todo, alejándome cada día más, con sólo el terror de ser capturado por una fuerza de gravedad e incinerar mi cuerpo en una atmósfera, estrellarme contra una estrella, ser despedazado por meteoritos y ahogarme en el vacío y su caricia de hielo, el silencio es mejor, no saber nada, yo y las estrellas, el eterno universo. Aún no puedo creer que el universo seguirá sin mí, novas y pulsares, vida y las infinitas distancias entre ellas, sin mí, yo muerto.

Quiero pensar que fui una buena persona, que ame en mi momento como sólo yo pude hacerlo, que repartí más felicidad que desdicha con mis actos, con mis pensamientos, con mi vida, mas no puedo convencerme, le debo todo al mundo, desperdicie mi vida, desperdicie mi cariño sólo entregando su sucia figura en fragmentos pensando que así sería eterno, y ahora lloro en mi traje amarillo, en mi piel de nueve centímetros de espesor y su ventana que me deja ver las estrellas y como desapar en ellas.

Sí dios existe en algún lugar espero estrellarme sobre su cabeza si alcanzo el centro de la galaxia, del universo, en los siguientes mil kilómetros mientras caiga hacía ninguna dirección a la velocidad de un cometa.

Tengo miedo, no quiero morir, no puedo aceptar morir, el universo había sido creado para mí, jamás nadie me enseño lo contrario, pero tengo miedo de las luces en el firmamento, de que me ven con desdén gritando “No eres nada para nosotros” sólo un pedazo de moléculas orgánicas que tuvieron la mala fortuna de poseer un nombre y sentimientos, pero mi odio es tan pobre, no puedes escupirle al mar si se lleva a tus hijos, no puedes tirarle piedras al cielo sino puedes volar, ni siquiera puedo sumergir mi odio en mi persona, el traje es muy grueso, sólo puedo morderme los labios para cerciorarme de que sigo vivo, acariciar mi concha dentro de los guantes, no puedo desconectar ninguno de los aparatos que me mantienen vivo, no puedo hacer que mi corazón se detenga con sólo desearlo.

¿Fue la órbita de aceleración en el satélite, sabotaje, un ataque de los parlamentarios del sistema interior para mostrarnos que tan frágiles somos los conquistadores del espacio?

Y yo aquí vivo, no me incineré en la explosión inicial, alcance mi traje de trabajo, el instinto de protegerme me condeno al envenenamiento en esta soledad.

Floto, caigo.

Y las estrellas seguirán brillando sin mí.