22 dic. 2010

Desde el Fondo



Para que no se me asusten, escrito del 7 de Diciembre


Huir del tiempo antes de que su estancia no sea visita si no permanencia. Dejar que el mundo de Oneiros sea tranquilo valle y el colorear de luz por levante dulce y afilada caricia.

Con esa idea inicia la sumersión en canto y juego, dejando la temporalidad en la superficie junto con las aguas tibias espejeando el cielo, a cada metro el devenir del terciopelo abrazo mientras nadando, conteniendo el último vestigio de lo terrenal que nos queda y llamamos aire, aferrándose a él. Llega a la oscuridad donde sólo los especialistas viven. En este lugar la ilusión de lo temporal sólo se anuncia  con la instantánea de la muerte, no hay ciclos; Ni la análoga marea del firmamento. Todo bulle sin parar, justo como la fantasía de vivir. Sobre todo en ese lugar.

El mutismo es la gran verdad aquí en el reino de lo albino, sin contrastes porque no se necesitan, donde todo es negro.

En la disolución de las texturas, el ambiente nos obliga a contemplar lo interior al flotar con ojos ciegos, es cuando la intranquila mente como un dios del caos puebla con figuras y colores imposibles el vacío.
De forma tan terrible es como siente que una astilla del tiempo se ató a los talones para volverse causal de la insulsa conciencia.

La primera imagen, la predecesora y ensayo de la simulación completa es siempre una mantis formada de borroso caleidoscopio,  le siguen  las medusas de tornasol y es sólo después de esos fantasmas inasequibles que el primer sonido llega, es el de una vidriada campana con el poder de un diminuto cascabel, anunciando que el universo vive en nosotros, que de existir y ser, el tiempo no es suprimible al haber aunque sea, un regazo de memoria.

Las añoranzas se convierten en realidad con interacción de pesadilla. Únicamente ver los deseos construidos por el corazón correr ahora llenando los vacíos. Extrañamente siempre semejante virtualidad se pinta el escenario de un día soleado, siempre regresan a eso.

El contraste es muy grande, las sombras de un profundo mate y los blancos son flama de acetileno. Pero no es proyección, es más como un libro, donde un par de enunciados colocan toda la narración en un mundo crepuscular  violeta cubierto de nieve. La imagen de ese momento sólo nos recuerda cual era la escenografía borrosa de una memoria que creemos dulce.