16 nov. 2010

Para ser sincero.



Esa era la propiedad que tenía que existir previa al ser, a la moral y al devanar la eternidad y raptar un instante de conciencia dentro de ella para decir que vivimos, para decir que era yo y no un colectivo de acuerdos en la causalidad e infinito azar.

Me acordé de la escena esa donde un  acabado hombre que sufrió una lobotomía ve una vieja caricatura de Max Fleisher sobre dos animales destruyéndose mutuamente con un revolver, ésto en una silla de una enrejada y blanca sala de un sanatorio mental; La caricatura en la tele, el loco en el asilo, el asilo en la ciudad, y así continúa porque el universo en todo aspecto es fractal, principalmente en el ridículo de intentar realizarse más allá de nuestro contexto.

Debí darme cuenta mientras que en la fría noche de Domingo pasada la luna llena de Octubre, Giselle me lo decía en una banca del centro de Tlalpan. También observarlo como una abstracción de todo lo que escribía; Había que ser sincero.

Ahora puedo decirme las cosas como son:

Mi querer también se convirtió en una elucubración, en un deber sólo por no conocer nada mejor que hacer, por engañarme aún con gusto de sal mis salidas a todos lados solo. Ya no tengo que hacerlo, el no compartirlas no sirve de nada.

Tengo una terrible necesidad de compartir las cosas porque en eso se transformó mi ideal a partir de la premisa de mi vida en un hogar donde nada era abierto, todo era personal y nunca a nadie le importó otra cosa. También del amor bello y sincero a pesar de sus defectos construí un ideal para lo que es el cariño, el como compartirlo. Por eso mismo me he cerrado a otra forma de abrirme hacía él, por eso sino es Natalia o Giselle de nada me sirve cualquier otra cosa o su finalidad; Porque ellas no están.

A eso se resume todo.

Sólo he querido a dos personas en mi vida realmente, necesito de ellas para darle valor a todas las cosas, para darme un valor a mí mismo. Ellas no están, nada tiene valor ni hay forma de encontrarlo.

La palabra "bueno" sólo podía aceptarla de sus voces.

Buscar otra cosa sería buscar a dios en lo negativo.

Eso es lo que se murió en mí aquella mañana de miércoles en que todo comenzó a saber diferente, el creer que la eternidad, de ese instante que se le roba con la conciencia podría tener una importancia personal sin ellas como móvil.

Eso es porque he decidido darle única importancia a la existencia como amor. Sólo conozco su amor, y con eso ya saben la tercera parte del enunciado.

¿Qué queda a diferencia de la muerte? La comodidad uterina del sopor mental y físico; Ya tengo trabajo, ya veo comerciales, mi ropa es caliente, el alimento no me falta. Soy un imbécil muy cómodo.

Estoy bien.

Muerto por dentro y para todo futuro, pero bien.

Sólo hay que saber negociar esa comodidad, con los demás y la cotidianeídad.

Porque ya nada es importante, porque ya no aprecio nada realmente, ya todo sólo es comodidad. No se necesita nada más para todas las mañanas que vendrán.

Lo único que me gustaría en todo el universo, sería hundir mi cara en sus palmas sintiendo cariño de sus manos, para siempre.

Con eso en mente, aprendí a ser sincero.


"Pero mi corazón, no puedes recordar porque...
 
no estabas poniendo tu atención en cómo me tomabas de la mano... ¿No recuerdas? 
 
¿En qué pensabas? ¿Qué te dividía?
 
Tu querer ser no ha devenido en tu deber ser, de ser así, 
no habría más que querer ser, no habría división, habría encuentro contigo mismo...
 
¿Qué es lo que te gusta hacer? 
 
 
 
¿Qué es lo que quieres hacer?
 
 
 
¿Qué has querido hacer... desde esos momentos en que no atendías cómo tomaba tu mano?"