9 may. 2013

Ejercicio matutino




Intento escribir para olvidar que no sé realmente sentir. La arena en mis ojos de tantas mañanas desperdiciadas sin verte, el frío en los pies por ver cada amanecer con un quemante punto en mi boca; por los cigarrillos que fumo, por el recuerdo de un beso viejo de años.

Sigo escribiendo por una dependencia a la atención de saberme conocido. De que alguien me reconozca, y tal vez como yo cuando leo, pueda encontrar un sentimiento sin nombre entre mis palabras. 

Es recibir una especie de cariño, el vivir de un aplauso  secreto. Al menos me da tal sensación.

También lo hago para en la vaga posibilidad que un antiguo o un nuevo amor que desconozco vea el cariño que le tengo, el amor que le daré en todos mis pensamientos, o al menos mostrando como fue uno de esos universos posibles donde entrechocamos corazones.

Realmente no hay mayor propósito que el avivar la caldera para evitar la hipotermia. Sentir que entre todas las horas sin sentido, en la acumulación de nimiedades cada tanto en la combinación de pensamientos puedo arrancar unos átomos de inspiración a lo divino y hacer de unos enunciados algo para el río que es el mundo, el cielo y yo mismo. Algo para diluir en la lluvia de días grises en alguien que crea quiera tanto como yo lo creo de mí.

Soy un gran envidioso de los poetas, odio tanto sus pinturas, la transmutación que logran; Flores en cuerpos, aves en vida, peces en un abrazo de la infancia.

¿Es la necesidad de reconocimiento algo universal? ¿El desear hierro odio y bochornoso cariño pensando en el olvido como lo más deleznable? 

Estoy completa y de manera plena en conocimiento de la carencia de tópicos, el triste uso de redacción, lo monótono  de cuartilla tras cuartilla que dejo con las canas que crecen entre mis dedos. Soy un pobre y tonto lector. Un cobarde con prisa que en el anonimato de un pensamiento cree que mostrando sus pobrezas tal vez alguien desee regalarle el paraíso.

No hay diferencia entre el cobarde político con máscara y toda su filosofía grabada en puertas de baños a tinta de plumón Sharpbrook y yo. Soy un mono golpeando el teclado esperando un día Shakespeare, Dickinson y Cortazar se asomen de la página.

Lo hago para drenar el depósito de agua en el alma, cosa que se debe hacer cada dos meses para que aún caliente de manera correcta. Por que espero alguien quiera un día bañarse con agua caliente.