14 sep. 2010

Lo que más me Enoja



Ahora me causa enojo. Hace mucho tiempo me era indiferente porque solía serme algo de lo más común, después me arrebataba la inconmensurable melancolía de su pérdida, posterior la tristeza de su recuerdo, pero ahora me enoja; El ver una pareja cariñosamente besándose, entrelazando sus manos, dejandose perder en un abrazo y su suavidad al alargar ese instante. Como me invade una ira con semilla en la envidia, el despecho malsano, la hirviente furia silenciosa.. Todo debido a que no me pertenece, que no puede pertenecerme.

En ocasiones mis frías manos lo han intentado, el acariciar un rostro, pasar el cabello detrás de un embelesado oído de un rostro amistoso y bello de mujer; Vaya la forma de mis extremidades de temblar. La torpeza proveniente de esa ausencia de cariño verdadero hacía las receptoras del ensayo. Ya me es inútil, me lo ha prohibido una memoria terrible sobre una carta manchada de lágrimas por tu letra escribiendo que te despedías. No es que mi corazón se endureciera, es porque ya no puede ser de nadie más.

Alguien quiere reclamarlo, lo sé por su mirada marmórea que desea verter todo su calor sobre mí para disolverme en cariño, que arroja su mar buscando el tranquilizarlo, lo sé por sus palabras cargadas en manos por invisibles mensajeros al final de la jornada, que preguntan por mí, pero que gritan tras sus cuestiones que la cortesía de regreso sea amor. Ese mar, esa agua y su fluir de letras sólo puede encontrar en mí riscos para deshacerse en espumas y bramidos a los que soy sordo. Ese mar sólo puede llenarse a sí mismo, de esta escarpada costa ni siquiera un poco de arena podrá arrancar.

Es por amarte así, de lejos, sin ser correspondido, la la lóbrega presencia y silencio que me arruiné, tantos años buscando una forma de construir una vida alrededor de tí, que al conseguirlo no pude sino empujado por la perversidad incoherente que es aplazar el deber hasta librarse de él pero no de sus consecuencias, que una vez finiquitada, acabe con migo mismo junto con lo que podíamos ser. Tan aterrado ahora del cambio que mi corazón no puede aceptarlo y así se ha forjado el temple de tu forma, para el cual no existirá fuelle ni caldera que puedan adaptar o desfigurar lo que tú significabas, lo que eramos juntos.

El conocimiento de ésto es lo que me enfurece hasta las lágrimas y sofocar un grito, para simular el mantener la mínima traza de compostura; El ver unas desnudas piernas y la más incitadora sonrisa de delicioso carmesí buscando mis propias extremidades para acariciarlas, y el tener yo (¡Tener!) que apartarlas y cubrirme el rostro de su cándida mirada adornada de sombras y patiñes azules; Desdeñar por repulsión el idilio de una sola noche. Todo porque soy incapaz de amar si no eres tú.

La asombrosa tragedia; El perderte y haber aprendido el significado del amor, de los deberes y las inclaras aluciones de la razón hacía él, para no poder usarlas nunca jamás; ni ese nuevo saber, ni las capacidades hacía tu cariño que nacieron de esa ruptura. La perfecta ironía, el más fino castigo olímpico sobre algún condenado del Hades ¿Pudiera esta historia sobrepasar la pluma de Esquilo en su momento?

Por eso la frustración y desprecio por todo lo amoroso que se expresa en un pareja, porque el más soberbio de los cariños yace en mí, y sería lo mismo su localidad en la muerte o la negrura del Maelstrom debido a que ya no se puede dar; Libre de culpa, para tí, y el recibirlo tú, libre de miedo por él.

Así que, si acaso esta nada que es la relación entre nosotros parece atrapar un confuso hilillo de algo que se pudiera llamar amistad, entonces ten reparo y comprende, por si algún día me ves furioso llorar.