9 abr. 2009

El Collar de Terciopelo 1


Paso la mitad de la noche contemplando tu foto, aquella foto que me diste para poder pintar sobre ella, aquella foto que una vez finalizada jamás te mostré. Desconozco si la has visto ya que una copia existe para disposición de todo el mundo que desee ver mis trabajos como artista y es inegable que con sólo teclear las mágicas palabras clave en tu computadora te encontrarías con esa foto frente a frente.

La foto no es extraña, no es perturbadora, ni siquiera puedo llamarla un trabajo del cual esté particularmente orgulloso, pero ahí está, cazándome con esa mirada azul desde Dios sabrá donde, con ese esbozo de sonrisa tuyo con el cual me he llegado a sentir un conocedor, de las comisuras, de su timidez de tal vez mostrar una boca un poco grande oculta detrás de los infinitos tonos rosas de tus labios, sus ligeras sombras hacia tu barbilla y nariz que la enmarcan, sea del modo en que sea, con la lúgubre iluminación de un cuarto oscuro hasta el mediodía a mitad del bosque, he de ahí que reconozco esa sonrisa, he de ahí que ese esbozo de la foto que me diste me tiene tan hechizado, y es esa misma sonrisa, ese grupo de triángulos y líneas los que me están obligando a pasar el día entero en un trance, sólo pensando como hacer ese secreto mío, ni siquiera en el sueño encuentro ese descanso, ya que sólo puedo verte a ti, no amante, no espectante, sólo ahí, frente a mí, y eso es a penas lo que puedo soportar en mi dormir, así como en la vida gris alumbrada por un sol de gas.

Reconozco que he tenido un sin fin de oportunidades para tratar de acercarme a ti, de un modo u otro, a partir de esos mismos compromisos en la escuela así como cualquier tema mientras te veo en la facultad, pero no es el miedo a la promesa rota, al deseo frustrado, ni siquiera a una verdadera felicidad el que me mantiene alejado, no, eso no importa, lo que me mantiene alejado es la certeza de que te amaría, de que idolatraría cada instante en tu compañía y tacto, y eso me convertiría en un esclavo tuyo, en un esclavo sin mente sólo deseando memorizar cada pequeño ruido, voz y olor que despida tu persona, y nada me haría más feliz que poder vivir así por siempre. Pero eso no puede suceder, no puede suceder por que te podría molestar, sé que eso puede llegar a molestar, podrías aburrirte de un eterno contemplador, de un simio que sólo afirme y se entregue frente al mas mínimo capricho, y alejarte de mí, alejarte con la misma frialdad que se esconde en tus ojos de criatura de invierno, y no podría soportarlo, no podría soportarlo otra vez.

¿Valdrá la pena el sacrificio, valdrá la pena el ser odiado y rechazado por ti y por tu memoria por la simple posibilidad de poder besar esa sonrisa que me maldice y me lleva al paraíso con sólo su contemplación? Seguramente, pero aún hay algo que me encadena a mi mesa y al sólo amarte a través del deseo y la mirada, y es que ya vivo en una relación, no una relación cualquiera, sino una que tiene cuatro años, lo cual para muchos no es nada, pero para mí a mis veinticuatro años lo ha sido todo, y sí, por supuesto que ha sucedido lo de toda relación algo añeja, se pierde algo de interés, se pierde la magia ancestral de un inicio que parece tan lejano cuando realmente no lo es, y se pierde el verdadero sentimiento, se pierde el verdadero amor, al menos por parte de uno de nosotros, tal vez sólo de mí, o tal vez sólo eso quiero pensar.

Podría dejarlo todo y hundirme en tu cabello de ceniza y plata para quemarme en su fragancia por todas las lunas llenas hasta el día de nuestro Fenris, que seguramente invocado por ti en tu aburrimiento destruirá esa luna para los mortales que dependamos de ella, es decir solo y solo yo mi amada diosa del norte, mas sin embargo no puedo hacerle eso a ella, a mi amor confesado de unos años y obligado de otros instantes, no soy así, no puedo decirme un hombre que te merece ni como un amante prendado de las infinidades de promesas de un alma haciendo eso, no. A demás el dolor es aún más grande por la incertidumbre de tu presencia ya que sólo estarás en este continente unos seis o cinco meses más y no estarás en mi fría ciudad sin estrellas hasta bien pasado el año nuevo, eso es mes y medio de sólo vivir contemplando esta foto tuya, esta foto que tomaste en un momento donde nadie te veía, sola, sin maquillaje, sin peinado ni adornos, solo una dama recién levantandose contemplando el lente de su cámara una mañana en el bosque. Pero eso sería mes y medio sin ningún modo de verte, , de escucharte, nada al menos que te siguiera en tus viajes, pero bien sé que no puede ser así, entonces sólo quedarían tres meses para forjar una eternidad. Muchos dicen de sólo requerir una noche, otros una mirada y con eso ellos pueden crear ese instante que les dará la gloria divina. Pero para mí no es suficiente, debo tenerte aquí, en mí, en todas partes, tal vez no completa, pero sí algo de ti, un poco de tu olor, un poco de tu piel, un poco de tu cabello, un poco de esa sonrisa, un poco de tu voz ¿Me regalarías un pedazo de eso aunque te marcharas, me lo darías sin conocerme realmente bien, me lo darías con esa sencillez con la cual me regalaste la foto que no puedo dejar de mirar? Con eso podría dejarte partir, podría dejarte amar a cualquier otro ser o dios en este mundo, por que ya podría amarte sin que estuvieras aquí, podría amarte siempre y cuando tuviera esa pequeña esencia de ti, y aunque tú no me amaras, no importaría, siempre he podido amar por dos.

Creeme cuando escribo que lo he intentado, he tratado de reponerme de tu desarmador pensamiento, en el pensar en otras cosas, pero no puedo, hoy en la mañana dibuje un autorretrato tratando de sumirme en otra actividad, en cualquier otra cosa que no tuviera que ver contigo siquiera remotamente, y queriendo sumergirme en la bestia y milagro que me considero, sólo encontré unos ojos en el papel reclamandome por no pensar en ti, y así ha sido mi pesadilla recurrente, el terror a enfrentarme a la felicidad, el cual no es ni remotamente tan pequeño como el miedo a la soledad y la tristeza, por que la infelicidad es segura, uno puede tenerla cuanto quiera y cuando quiera, ese sí es el pozo infinito, para el cual siempre hay espacio y tiempo, pero la felicidad, la felicidad es tan pasajera que apenas nos damos cuenta que la llegamos a experimentar, y es a eso a lo que le temo, así que debo buscar una solución, una solución que me permita seguir vivo y ver al sol sin temor a un reproche de los cielos, pero desconozco cual deba ser la naturaleza del acto para con eso, no sé si deba retirarme gentilmente e intentar sobreponerme a su ausencia a la maldición de ignorarla para no destruirme. O podría también entregarme en alma y cuerpo a su ser con la certidumbre de que de todos modos me destruirá, por que incluso en el momento tus ojos me darían esa verdad, esa predicción. Y existe una tercera opción que en cualquier otra situación la pienso imposible, y es el buscar como pueda darme esa esencia que deseo de usted, de ti, podría crear hazañas de carisma para convencerla, podría robarle una cosa u otra poco a poco, no como tú me robaste el corazón en un instante, o tal vez, y sólo tal vez exista un modo de hacerla parte de mí para siempre.

¿Qué tan difícil podría ser? Muchos factores están a mi favor, de conocimiento y fe sobre tu persona, y cualquier otro detalle no creo sea tan complicado de obtener a partir de nuestras amistades comunes sin levantar sospecha alguna de mis intenciones, pero es una palabra que no es cómoda en mis labios, “asesinato” pero aún así en mi cabeza suena como una excelente elección.