9 abr. 2009

El Collar de Terciopelo 3


A partir de ese momento mi vida ha sido una búsqueda por una realización similar para mi espíritu, pero a pesar de mis dedicaciones y pasiones no la he conseguido en mis actos ni en una comunión entre personas, ya sean amistades o por medio del acto sexual, incluso el acto masturbatorio se torna aún más vació al terminarlo conforme pasan los días, y sólo ha existido otra ocasión donde tal placer símil al asesinato me ha cubierto, y fue en el amar a una mujer, no en compartir con ella, no en amarla físicamente o fusionar nuestras mentes, no, sólo en el hecho de amarla, de tenerla cerca, de absorberla con cada sentido cada instante, el convertir cada momento en una imagen tatuada a fuego y hielo en piel y alma, pero su desprecio, su maldito desprecio de verme contemplandola, de ver que sus palabras tenían que escurrirse en mi interior haciendo de cada fonema un trago para el mayor muerto de sed, eso la desespero al grado de desear abandonarme, al grado de no quererme ver reptar en las cercanías de su hogar para chupar sus pensamientos, la hija de puta quería privarme de ella, y eso ha sido lo más devastador, la indiferencia de mi dios en mi momento de mayor necesidad, y no tenía el poder para conservarla, no tenía el valor, jamás lo he vuelto a tener, y el pánico que me ocasiona la repetición de eso es lo que me ha mantenido a raya desde hace tantos años de cualquier persona, de cualquier verdadera amistad, mi en otrora complice de destrucciones yace lejos con su mente sumida en responsabilidades de adulto, ya no es más mi amigo, ahora es sólo otra persona más sin rostro que en las calles llenas de basura, se ríe por el deseo que le causan los aparadores. Ya no existe el deseo primigenio de los placeres divinos, ahora sólo existe la libertina sexualidad de las putas y el morboso acto de los idiotas, es así que de los perros a los humanos no existe diferencia alguna, sólo en la naturaleza de lo que nos convierte en personas, el acto amoroso y sin intenciones del arte separa lo sublime de lo crudo, otra razón para amarte mi mujer de ternura y rosas carnes, sólo seres como tú pueden comprender la razón y la falta de pensamiento que encierra semejante acto, en tus dibujos y formas siento tan inegable verdad, no en los demás, los demás son vástagos de cloaca, contaminando la escasa pureza contemplativa de tu ser, y eso es una razón más para desprenderte de la vida, el fallecimiento en perfección impoluta, y así el horror jamás podría alcanzarte.