7 abr. 2009

Sobre la vida, el universo y todo lo demás (42)


El móvil del inicio de mi carrera en las ciencias biológicas, y lo que después sería neurociencias es un principio muy sencillo, y es la eterna curiosidad del descubrimiento de los mecanismos que sino rigen la vida como máxima verdad, al menos conocer una perspectiva argumentada, repetible y observable de entender el como funciona el mundo que nos rodea, fría en muchos aspectos, cíclica, dependiente de revoluciones y siempre cambiante como el mundo mismo, pero al final es eso, una perspectiva argumentada, observable y repetible de explicar el como funciona el universo, gracias a los dioses no es excluyente de otras perspectivas, sólo es una, y ahora al final de ese ciclo, mi curiosidad ahora con más herramientas, horizontes y también algunos mayores prejuicios gracias a los maravillosos poderes de la educación se trasladan a la comprensión de las herramientas principales que tengo sobre el sentir de las cosas, la intuición y la naturaleza misma que obtenemos de las percepciones.

El maestro Alan Moore declara que la magia es sólo el cambio de la intuición de la naturaleza de las cosas a partir del cambio en las percepciones que nos dan los sentidos, lo que hace de toda cosa en el mundo magia, lo poco que conozco de la escuela alemana sobrepone a la razón como fuerza última donde intuimos la naturaleza de las cosas a partir de las experiencias que nos ocasionan los sentidos al percibir las cosas, lo cual es una idea sencilla, observable, repetible y argumentada de la comprensión del universo, pero tiene algo que me parece terrible, que es sólo para el ser propio, por lo tanto los sentimientos son pequeñas intuiciones de nuestras, NUESTRAS percepciones y las de nadie más, lo que hace del placer, el amor y cualquier otro afecto o sensación, única e irrepetible para conservarse en nuestro universo que construimos y que existe sólo por que nosotros lo experimentamos, y es una perspectiva terrible, el amor egoísta y el arte interpretado algo sólo nuestro, cualquier cosa que se difiera hacía otras personas sólo será un esbozo símil de lo que sentimos y experimentamos, pero sólo una burda coincidencia si le afecta de modo parecido al los demás observadores, y eso me parece terrible, el amor entregado, de dos, de muchos, sólo es una convención colectiva sobre un aspecto de la experiencia, pero nunca un elemento compartido en lo que son las verdades y naturaleza.

Varios días sino es que semanas he pasado devanándome la cabeza queriendo creer que a quien amo es por que el amor necesita ser de los dos, que el placer que me ocasiona el que alguien más tenga placer es por que COMPARTO mi vida para su bienestar, pero el argumento es demasiado elegante para rechazarse o creerse de otra forma, y la imposibilidad de poder sustentar cualquier otra explicación sin un sistema subyugado a la fe me ha mantenido al borde del colapso de ensimismamiento y al borde de convertirme nuevamente en un hermitaño. Pero encontré otro argumento que válida el amor y cualquier elemento en su naturaleza como una verdad bifurcada sin antagonismos que me permite sentir nuevamente que el amor es puro y no propío sin caer en romanticismos bucólicos y permitanme explicarme en pocas palabras si es que se puede hacer.

Las bases del Tao, nos dicen que no existen contrarios a las cosas y sus naturalezas, sino que para ser un completo necesitan de una segunda fuerza o elemento, la oscuridad y la luz no son contrarios, son un único que hacen el día, no hay la implementaciones de dioses con mayúsculas, todo elemento contiene un fragmento de la divinidad y en cada acto un paso en el bosque para entender la enorme jungla que nos rodea, no existe el bueno o el malo, la moralidad se basa en la sumisión de la educación a partir de cada experiencia y un crimen es sólo la desviación de la comprensión de las cosas no como algo intrínsecamente malo, la salud y enfermedad son fuerzas símiles y el reflejo de la segunda sólo es el desequilibrio entre los elementos que rigen nuestro cuerpo o procesos de la mente, el cielo y la tierra no son diferentes, son partes de un mismo que conocemos como mundo. La idea de la unidad sigue presente como en todas las filosofías, sólo que esta unidad no contiene contrarios o fuerzas superiores, no castigos, no otra vida ya que la muerte es sólo el conocer otra parte de la eternidad con otros sentidos, nada autoexcluye a otro, todo es parte de un sistema de equilibrios entre elementos bifurcados, nada es superior moralmente ya que todo encierra la moralidad, simplemente es el relato sobre el bosque para conocerlo paso a paso, el rayo que salé de la nube es el mismo árbol que crece en la tierra, y sus ramas alcanzan el cielo y las profundidades en conjuntos dobles que se repiten en un fractal que abraza todo el universo y la vida, y es así que los sentimientos, no son experiencias propias intuidas a partir de los sentidos, son elementos propios dependientes de otra fuerza en otro ser, persona cosa, que sólo juntos pueden considerarse la naturaleza y fuerza del sentimiento, el amor para llamarse amor necesita de otro amor, del mismo sentimiento con sus variaciones y compartirse para que sólo así sus elementos estén en equilibrio y puedan llamarse propiamente amor y pueda ser entendido como una fracción de la naturaleza de lo que sería el AMOR último de la unidad, por lo tanto se necesitan a su vez del crecimiento y experimentación exponencial de cualquier sentimiento para comprender el todo del amor, que todos amen, que todos se amen, que todos yacen en equilibrio con su amor para que el amor sea perceptible como su todo, y así es con cada sentimiento, sentir o creer, sólo una parte del todo que necesita de quien la comprende y la experimenta tanto como de lo que se comprende y la experiencia para convertirse en una pequeña fracción de la verdad que contiene el todo, no es propio, pero es único hasta donde podamos compartir ese entendimiento sin abarcar todo en el universo.

Y lo maravilloso es que es un argumento razonable, observable y repetible, del cual se puede conocer un camino moral, de actitud para con lo que nos rodea y uno propio en cualquier caso, y no sólo eso, los sistemas anteriores de la ciencia y la escuela alemana comparten mucho de los argumentos, la bifurcación exponencial de las células para crear un ser vivo y mantenerlo vivo cuando está en equilibrio, la bifurcación de fuerzas naturales, que en el antagonismo y protagonismo se necesitan conocer ambos para poder entender parte de la esencia de las cosas, los sistemas fractales, la homeostásis de las cosas y la moral.

¿Y saben qué? Me gusta el argumento, lo hago mío y declaro que necesito de las percepciones de los demás para formar un todo, necesito de esa mujer especial para amarla y que me ame para que realmente pueda ser una verdadera fracción del todo. Tal vez no sea un estudioso de la metafísica, ni podré escribir (al menos al momento) una epistemología, ni siquiera pude acabar la introducción de “Crítica de la razón pura” sin querer morir y con un fusible fundido, pero lo que si tengo son mis sentimientos, mi pensar, experiencias y sentidos, y al final, la comprensión proviene de éstos, y de los pasos en el bosque siempre acompañado, por que no existe la soledad en la vida, todo fuera de nuestra personalidad nos hace compañía y nos muestra otra fracción del todo, los surcos en las manos, las arrugas, los colores, las demás personas, nuestras amistades, la familia, las personas amantes, y sólo de comprender el bosque con todas las herramientas en la vida y lo que sigue de ella, sólo a partir de ahí podremos llegar a la iluminación, a ser y entender todo.

Por que realmente me estaba preocupando que el amor que siento y sienten por mí no pudiera ser compartido, pero ahora no sé como pude haber creído por un instante que es diferente.