30 ago. 2010

Fragilidad (Texto núnca terminado)


Stanley sabe de tus Pecados


¿Cuáles en la vida son mis pesares? Que otro sino la fragilidad de la misma, de una sensibilidad para quebrarse sólo comparable con la del silencio. De un beso el que pueda hundirse en la desesperación, desgarrarse por contemplar el solsticio, desvanecerse en el conocimiento de ella misma, y lo que sería peor que otra cosa, el enorgullecerse por conllevarla seriamente a la par de las fantasías.

Si en el seno de la siempre móvil tierra aún la roca sufre la metamorfosis ¿Cómo podría mantenerse incolumne la existencia como escalera a las estrellas si inclusive la telaraña avejentada posee mayor resistencia que ella? Dificilmente el cambio de todas las estaciones consta de más colores con todo y los que la vida porta siempre son tonos de azul.

Su resistencia de polvo nos hace pensar que se nos entrego rota sólo para cortarnos con ella mientras nos duré en las manos. El cargarla es malabarear cuchillos, el compartirla un acto para llenar carpas de tres pistas y el telón, siempre fatal.

Que terribles y dolorosos son todos los días, y henos aquí contentandonos e incluso les llamamos por nombres de justos, correctos y divinos si podemos estrechar las manos de algún otro prisionero de nuestro mismo lar ¡Vaya forma de malbaratar nuestras verguenzas y toda su hambre! Nos la gastamos hipotecando nuestros castillos en el cielo y el acreedor se presenta por supuesto en el peor instante. No se puede ahorrar, tampoco heredarla a nuestros queridos que yacen vivos, pero a todas luces es un crimen dilapidarla conforme a lo que llaman en estos tiempos moral y propio del sabio.