17 ago. 2010

A través de ti (Un sueño sobre Natalia)

Tu casa sé bien está cerca del mar y los inamovibles albatros suspendidos sobre las adustos caminos, de un viejo puerto fundado en la conquista, lleno de inacabadas construcciones asoleando sus habitaciones de hueso blanco al horizonte, de arenas pálidas y grumosas, de zargazo relamiendo los pilares de un desolado astillero y su hormigón monolítico que sostienen navíos hechos de nubes bajo el cielo del Caribe. En el otoño los pasajeros y despedidos huracanes cubren lo diurno sobre el mar con patina de paleta gris y la eterna briza toma el frío de un invierno que se supone imposible en esas latitudes.

En tal lugar con crestas de afilada espuma donde nos besamos entre las aguas es que recurrentemente te encuentro en mis sueños, sentada en la playa vistiendo una ligera playera y pantalón corto de blanco ligero y brillante, tus brazos que siempre fueron casa para descansar mi alma cruzados sobre tus rodillas, y tu mirada fija en el último índigo del cual parece nunca volverá el amanecer. El calor lo respiras limpido a labios entreabiertos en un suspiro invertido, en tus ojos y aire de cristal una ligera insinuación de llanto se pierde al viento que flota por las calles y casas de pareciera humillados techos bajos.

No estoy ahí, sólo espectador de imagenes que no puedo sentir, encarnando una aparición de tardes nubladas y el encierro entre las cobijas por la fiebre. Me acerco para saborear la tristeza del mundo a través de tus pies pequeños hundidos en los granos de colores pizarros. Sollozas con orgullo y el rostro levantado, sollozas porque es lo correcto y lo que debe de hacerse, por todo lo gris que ves, por la temperatura entumida, por la caricia del resoplar en la costa sobre tus cabellos, por el olor salitre y el filtro verde en toda la luz.

Un brillo esférico entre las nubes, la luna llena sin ser de noche y la marea alta, escondes el rostro en el antebrazo, un gesto de dolor y ligero desagrado melancólico por el pensamiento largo de instánte sobre tu familia y la vida que llevas ahora, de esperanzas desgarradas y el escalofrío de los abrazos que desaparecieron, tan parecido al dolor de pasar horas sentada como acostumbrabas a piernas cruzadas durante horas, pero lleno de un azul profundo donde sabe a que jamás pudiste encontrarte. De nuevo, la misma posición recibiendo todo el mar y lo que es sal en la frente. Un “¿Por qué “ involuntario se arrastra mascullado de tu voz.

Creo es ahí donde arrodillándome te rodeo imaginando que lo necesitas, mi pecho que no conoce respiro sobre tus hombros y la seca y caliente tela que los cubre. Un jalón de tu vientre por esa memoria, mi cabeza recargandose en tu cuello. Tal soledad recrea lo amargo en el fondo de la lengua y las lágrimas que ya no quieren responder a esa memoria. Un tronar de la corriente.

El tiempo se alarga y no recuerdas como llegaste ahí, quien eres ahí, simplemente es lo correcto y donde debes estar para alimentar a gotas de un paisaje y sus sensaciones a ese cansancio que sabes te llenara todo el cuerpo a la medianoche. Piensas que nada se parecerá a mí y con algo que parece arrepentimiento te conformas con esa idea “Está bien así” te dices como una mentira blanca que no tiene solución que sea buena. Parpadeas y vuelves a sentir que así habrá que soportar esto que llamas vida. La circulación en todo tu interior se reanuda para desprenderte de esa sensación por pertenecer al paisaje, el fluir de todo te recuerda que hay otras cosas que hacer y que pensar, para ya no sentir tu rededor y la pertenencia poética que te has creado. Eres una persona triste “¿Alguna vez fue diferente?” Ya no sabes. Te pones de pie y regresas sobre tus pasos a enfrentar donde no puedo alcanzarte, el momento que llamas tonto de recordar mis manos se cae junto con la arena de tu ropa y vuelves a esa niebla tibia del sueño para que yo despierte.

Abro los ojos tan lejos de ti como a sido tanto tiempo, la habitación se llena de los ruidos amortiguados de la mañana, tengo que pensar en todo lo que haya que hacer hoy, sintiendo las lágrimas que ya no pueden responder a la memoria de ese sueño, en la que vivo mi tristeza a través de ti.