9 jun. 2010

La Estampa de Manet


Olimpia
Agua Fuerte y Agua Tinta 1867

Hay un detalle muy importante que recuerdo de tí, algo que era tan tuyo y reflejaba plenamente lo que eras, una reconstrucción alejada del simulacro de la plata bruñida y la luz rebotando sobre ella, más cercana a la percepción simultánea de dos instantes. Ese diminuto detalle yacia sobre tu escritorio dejandose arrugar y colorear de amarillo por los días dando vueltas, una simple copia de la estampa de Olimpia por Edourd Manet, que te regalara una amistad.

Manifestabas un intéres muy peculiar sobre la obra del fránces, de los fusilameintos de Maximiliano, acerca de sus balcones y paisajes llenos de gente en días soleados, querías abstraer todo el impresionismo desde su pintura, la historia de lo que te ocasionaba pasión, la figura del arte y la muerte dilucidarlas de sus trazos. Y esa estampa de Olimpia tan pequeña, con la cual te atrapaba dialogando como una niña pequeña con su muñeca, mirandola como a veces te mirabas al espejo.

En algunas ocasiones decías como quien platica con el aire para que llevara su secreto por el mundo “Me gusta mucho este dibujo”. En esas ocasiones sin darte cuenta al decirlo eran en las que jamás logré entender el brillo en tu rostro, eso era lo grande, lo tan importante de todo lo que te conocí, de todos tus gustos, tu humor, de la forma en que analizabas las cosas, incluso del módelo que me construí como el desdichado empirista que soy sobre tu pensamiento, ese brillo jamás lo entendí, el amor por la contemplación de Olimpia, del mismo objeto, te engalardonaba de misterio como núnca más sucedía.

Cuando lo haciamos los dos era muy diferente, el ir a galerías, museos y exposiciones contigo era sólo ser una sombra adicional, ambos silenciosos, incómodos, a diferentes ritmos viendo cosas diferentes, incluso nos encontrabamos a la entrada y a la sálida para alejados uno de la mente del otro regresaramos a casa, a veces confrontándonos con argumentos más de corazón que de la vista sobre la experiencia, a veces sin poder decir nada más que tecnísismos tontos.

Lo más complicado de tí fue el verte revisar un libro de arte, esa maldita estampa de Manet y saber que no podría estar cerca de tí tanto como esos dibujos de agua y tinta.

Así que un día conseguí un libro de Manet y después otros tantos, algo seguramente podía decirme la historia del dibujo, de la pintura, quiza podía acercarme más a entenderte, tan tarde ya pero tenía la necesidad de saberlo.



Olimpia 1863


¿A caso es por la historia de la módelo Victoria Meurent? Una niña que saliendo de la cafetería en una esquina se transformara en la visión de una musa para Manet, en la protagonista del impresionismo como movimiento cuando su rostro fue la base en la cual los pintores construían sus visiones de grandes pinceladas acerca del mundo que observaban, de como las amantes y esposas de ellos andaban celosas sólo por ser la cautivadora, la receptora del cariño que tenían al construir universos sus hombres. Llego a pensar que tal vez fue por su destino de solitaria y amante a últimas sólo de las copas, tal vez es un poco de todo dentro de su vida en la estampa, la mujer desnuda, no erótica como la Maja de Goya, no tímida o cautivadora como la Venus de Tiziano que inspiro su figura, sólo el desnudo cómodo, pienso ahora que eso deseabas, una comodidad propia, segura y sin presunciones de quien eras, la suavidad monocromática y tenue que reflejara quien eras sin necesidad de una fuente de luz conocida o sospechable, sólo por ser tú, abierta al espectador casual, tan lejana en el marco de contraste que sea tu rededor. Podrías ser ese rostro que Manet raspaba y pintaba una y otra vez, una y otra vez, que necesitaba reemplazar bastidores e iniciar otra vez, que jamás pudó dibujar en los ensayos, que no pudo ser plasmada sino tan diferente en el cuadro y la estampa que dédico al escándalo en los salones de finales de siglo en Paris, eso te convertiría en alguien                 inatrapable de facciones, en la mujer abierta y deslumbrante que sólo puede existir entendible por momentos irrepetibles, también podrías ser la Victorine que después de una vida siendo objeto del arte, jamás obteniendo un buen crédito por crearlo quedo rezagada a una botella y el anonimato por el recelo de quienes se llamaron sus amigos, porque ellos no pudieron ser esa historia, ese asombroso drama y éxito por el sólo andar viva.

* La Chanteuse de rue 1862

    Le Déjeuner sur l'herbe 1863


También intenté pensarlo desde la composición y figuras de la pintura, de como Olimpia es parte del complejo del cuarto, es un tema principal de riqueza de la módelo, su brazalete, sus zapatillas, el extraño listón al cuello que le da hechuras y enmarca el rostro junto con la flor y los pendientes, que separa su mirada y por lo tanto su alma de las condiciones a su cuerpo, que es el cuadrante especial donde sólo la módelo y su pecho existen, sólo la mente y el sentimiento, la sencilleza en la dilución de los pliegues por un gris en la pintura, por fuertes trazos en la estampa. Las flores, la naturaleza sólo un ofrecimiento de lo desconocido y extraño, de la oscuridad que yace a sus pies en la figura, la forma y el tema. También el gato existe como testigo casí invisible, le da mayor mundanidad natural al cuadro, la sirvienta sólo sirve como verdadero contraste de lo sublime de Olimpia, de Victoria. También el cabello en la estampa no está completamente recogido, la sonrisa es más socarrona, no es un incidente aislado,. Manet había preparado la estampa específicamente para el folleto que presentaría en la feria bajo el consejo y guía de Zola para escandalizar nuevamente al mundo con el rostro y cuerpo de Victoria, como lo hiciera con Dejeuner sur l´herbe, como lo hiciera con la Olimpia pintada, ahora su mirada se reía de los ciegos que no la admitieron hermosa, su cabello estaba libre de tener que demostrar algo de altanería, seguía siendo la misma y eso era suficiente. Las sombras del cuerpo, sólo una sugerencia del brillo interno que tiene ella misma en la habitación cerrada, ella una visión para el espectador que está en el cuarto con ella, no hay profundidad, la composición a diferencia de la Venus de Tiziano no busca darle un origen de realeza o mitológico, la luz misma que proviene de la bella Olimpia puede decirnos esos enmarcada en fondos planos y base suave, no necesitaba que fuera una mujer idealizada al modo griego, sólo una mujer de su tiempo, un espíritu independiente y libre nos afronta desde el lienzo que no es el cuidadoso trabajo de la escuela francesa del siglo XIX y sus largas perspectivas y profundidades, sólo un cuerpo brillante y la oscuridad, sólo pinceles largos y conspicuos. Manet creía que con ésto alcanzaría su nombre en la historia, en 1865 la mostró al mundo en pintura, en 1897 se las restrego con su estampa y folleto, doce años después apenas podían darse cuenta de quien era la increíble y terrenal Olimpia que desnuda se enfrentaba a todo el arte.

Venus de Urbino 1538
Tiziano Vecelli


Por eso, lo que puedo entender de tí es la necesidad de brillo propio, una mujer compuesta de mente y sentimiento equiparable con la de cualquiera que se atreva a llamarse intelectual o soñador, que son complementarias de la belleza tan complicada de expresar que es tu alma, de que cualquier riqueza a tú ambiente sólo sería un adorno, sobre lo especial en personalidad al fondo de mayor contraste, no en tu ambiente, sino cuando presentabas esas virtudes bajo la idea del contexto más simple en lo cotidiano, nadie tenía que idealizarte, sólo verte como la mujer moderna que eras para darnos cuenta del valor que representabas para la vida.

Pero era la estampa ante todo y no la pintura, un grabado de despecho por no saber contemplar la obra completa que se le ofrecía al mundo, un bosquejo de agua fuerte, disminuido, un recordatorio de la grandeza que en la historia de los trazos existía, una imagen que se convirtio en un mero adorno de tu habitación, del estudio de Zola, eso que posiblemente quisieras ser y demostrar, sólo presentado de una forma simple, no inacabada pero resumida, lo que no llegaste a ser, lo que no pude entender de los secretos que mostrabas ligeramente.

                                                           Portrait d'Émile Zola 1868

Es demasiado tarde, para el que nos mostró ese milagro que era Olimpia, fue demasiado tarde para que las personas indicadas reconocieran la belleza de Olimpia, demasiado tarde para nosotros, para que viera yo lo mismo en tí, Incluso se hizo tarde para Victoria, de la Olimpia se transformo sólo en un cansado rostro, de esa gloria divina sólo le queda el listón, como signo de lo que ofrecía, como parte del marco que nos regalaba su mirada.

Ahora entiendo un poco más de lo que veías cuando recostada observabas esa estampa de Manet y sonreías. La historia así como a los críticos de la feria en París de 1865 nos recordarán como unos tontos que no supieron apreciar el inicio de todo un arte y nadie con justa causa y razón podrá desmentirlos.
                                                                                                       


¿Qué es de tí Natalia, qué queda de esas flores y luz?  Como el mismo Manet, con un ejercicio de melancolía y sueño por esa relación, después de una vida y en último arte tratar de encontrar la mirada de Olimpia, de ese jardín de tantos años atrás, reconstruyendote en la estación donde te despides, sólo con seriedad y cariño en tu cara.          
                                     Le chemin de fer 1873 (Detalle)
                                   




NOTAS: A EXCEPCIÓN DE LA VENUS DE URBINO, TODAS LAS PINTURAS SON DE EDOUARD MANET. A LA VEZ, TODAS SON OLÉO SOBRE TELA A EXCEPCIÓN POR SUPUESTO DE LA ESTAMPA DE OLIMPIA.

Información:


1-Marques, Mena. Manet at the Prado. zurich: Paul Holberton Publishing, 2004. Print.

2-Rogers P. Richard "The Shock of the Nude: Manet´s Olympia" England-France WGBH, 2000. Video.