10 jun. 2010

Mar Circular


...cuando el mundo no conmueve y sólo es doloroso, a donde te cargan las piernas y jamás es lugar de descanso, te llevan en corriente a piedras cortantes y difíciles de escalar, la única alternativa a ahogarse en las aguas verdes que surgieron de nosotros mismos, que ya no podemos alimentar, que tampoco son hogar para pasear a los lindes de la rivera y contemplar los rostros de quienes nos atrevemos a llamar amigos, de no poder acercarse a la tibia arena y viento de las playas, las personas que amamos. Nos dirigimos al mar que surca completos tres horizontes y nos aleja del vado donde nacimos y se nos dio nombre.

El sol se detuvo en el ocaso sobre la línea del mar, las sombras de negro impenetrable y los contornos borrosos por la velocidad a la que nos movemos. Algunas estrellas se distinguen cuando levantamos el rostro intentando encontrar calidez en esa agua. La luna, la intuimos por la luz que se crea abajo en la profundidad, nada parecida a la lluvia de brillos en la superficie y las punciones que sentimos al reflejarse ese sol en las crestas de la marea.

No nos asusta la ingravidez en las piernas, llevamos mucho tiempo sin pisar sobre firme. El dolor en los brazos ya no es importante, hemos navegado tantos ríos de rápidos y peligros flotando con nuestra espalda.

A veces sentimos una caricia que nos asusta, de una planta invisible pensamos, no creemos que sea un animal, no puede ser posible que en la solitaria deriva algo con instinto nos toqué, por error, por curiosidad, por confundir nuestros dedos con algo que pudiera ser alimento, no, eso no puede ser, es sólo una planta a la deriva y una casualidad. A veces llegamos a pensar que es la naturaleza del queriéndonos atrapar de los talones para sumergirnos , después de una corta y dolorosa lucha hacernos tragar esa agua que proviene de nosotros, tragarla hasta la asfixia, llenarnos e hincharnos los pulmones y el estómago, hacernos descansar perdidos y olvidados solamente siendo parte del mar que creamos.

Más tiempo pasa y más tiempo pasa, ya sólo podemos ver un cielo húmedo con volutas de transparente y tenue gris, nuestros oídos ya sólo pueden escuchar nuestra respiración, nuestro corazón tranquilo, ya no vivimos el pánico, somos el pánico y nos acostumbramos a él, al chapoteo del agua queriendo entrar por los ojos, que suplica la respiremos.

Todo es sal, boca de sal, lengua de sal, piel de sal, hambre de sal, miedo de sal, sueño de sal. Cerramos los ojos, dormimos.

Imaginamos en pálidos rosas que el mar nos lleva al final donde choca con el cielo, donde son un muro y frontera que transforma el uno en el otro, donde lo cardinal se vuelve vertical y una barca blanca yace amarrada al sol pegado en la pared. La barca no contienen a nadie, pero se siente de amigos que nos regresaran a la tierra, que se siente lleva paciente justo el tiempo que flotamos hasta ese lugar. Pero no llega el amigo dueño del bote, el silencio no es roto por el canto de ningún ave, parece que incluso el relamer en los bordes es mudo. Nadie aparece, el miedo que se vivía tan cómodo nos vuelve a cortar. Abrimos los ojos.

El cielo no ha cambiado, el ligero movimiento de esas lejanas nubes nos maravilla porque nos hace suponer que en algún lado existe el viento. Recordamos la brisa cariñosa, por un instante, alimentamos un poco el mar.

Si existe el tiempo sólo porque existe un después, creemos que mucho de él ha quedado, así como si existe distancia sólo porque existe otro lugar, también kilómetros han quedado. Aceptamos que vamos a morir en ese mar, nos sumergimos en nosotros ya deseando que el agua haga su parecer, absorbemos esa negrura caliente, en duermevela fabricamos ideas de colores, de formas, llega, el sonido de una voz que amamos, volvemos a esa playa en este sueño que nos regala la muerte un poco antes de reclamarnos. Bien sabemos que somos nosotros imaginando cosas que no existe, pero ese abrazo, esa sonrisa, ese beso era lo único que necesitamos. Que frágil se siente esta vez, y tan repentino como su creación, termina, el mundo no conmueve y sólo es doloroso, a donde te cargan las piernas y jamás es lugar de descanso, te llevan en corriente a piedras cortantes y difíciles de escalar, la única alternativa a ahogarse en las aguas verdes que surgieron de nosotros mismos...