4 jul. 2011

Detrás del Sol


Ilustración de Jon Foster

Triptop comenta:

"No calles. Solo no estás. Emites un "gemido de incompletitud, siendo la decantada emisión -el resumen vivo- de la presencia plena del otro, de ella, de aquella que le da sentido y esencia a tu eternidad de ahora y la hace más soportable" que es poesía, o un "gemido que busca al otro como se necesita el alimento: con ansia vital de nutrir las profundidades" que no es poesía. No sé, creo que respondo para ordenarme también. Pero te entiendo, intercambiamos palabras, referentes, nociones similares del mundo... No estamos solos."

Respuesta:

Es la fe en lo invisible prueba difícil de superar al diario, sucede en los templos, sucede frente a la imagen impresa de lo que amamos. No es la nostalgia ya de la figura, mas bien del estado; Como a la inocencia la fe debe acercarse y en la distancia de ella yace la dureza del pecado, en símil una falta a la conciencia es la dificultad de enamorarse.

El escepticismo o ateísmo amoroso me parece tan igual al religioso, por la necesidad de imaginar un universo más allá de la carne y el hueso. Es muy difícil de presenciar de las personas que se toman el momento para razonar la vida una duda sincera de que no se es y se existe para más que el andar diurno y el descanso nocturno. En misma forma la sincera duda a partir de la razón y el sentir en aquellos que pierden esa fe al amor es complicadísima de observar, pero en ningún caso negaré que son posibles, porque yo inicio a sentirla.

Como a Dios, el cariño y el deseo se han convertido en efecto de escrutinio y han sobrepasado la sensación de certeza. Ahora en pesada incertidumbre se desgrana el día de gris constante,  pero ahora sucede que la soledad me sobrepasa y el comfort incluso de esa fe o melancolía se atenúa y disuelve en frustrante enojo.

La falta atenta y la costra se endurece.

Ya no es tanta la tristeza, que se disminuye ante un verdadero temor, del realmente quedar así para lo que resta. Que al igual que en las iglesias, una gárgola las protege en silente mirada, evitando que cualquier cosa diferente a la fe entre, mientras las maderas en el interior se pudren rodeadas de ídolos empolvados y velas consumidas.

Que terrible temor, que terrible incertidumbre.

Si soy un fracaso para querer, para dejarme querer y la soledad en vida es el único paisaje visible.

Conforme la fe fallece en sus altares, ¿Qué puedo hacer yo? Porque a demás las posibilidades presentan una terrible disyuntiva:

Si no se pueden creer esas probables mentiras de amor y religión, entonces la muerte es sólo un fin de un proceso y no una puerta a una situación diferente, entonces el terminar las cosas, puede llegar a ser, por decirlo de forma tonta, un alivio del sentimiento desauseado, que ya no sufra. O de forma contraria, tendría que ser el aliciente a crear lo mejor posible de esos escombros. ¿Quién supiera los conjuros y palabras para evaluar la opción correctamente mientras los atardeceres cada vez más oscuros se suceden?