21 jul. 2011

Dickinson, poema 23


 Han sido un par de noches, no extrañas, pero muy largas, donde de repente siento un pavor que raya en la histeria, después un enojo terrible y finalmente la calma tristeza que me arrulla en lo que parece un sueño muy aburrido, para despertarme de un golpe al ver una sombra caminar alrededor de mi cama y posarse desde el área de mis pies, observándome.

Ahora no ha sido una sombra amorfa de mirada terrible con forma de cicatriz, ahora es una mujer joven, de cabello a los hombros. Por supuesto la primera impresión me asusta, y por supuesto me hace sentir intranquilo, pero no se siente como una amenaza, permite que vuelva a dormir.

Pensé por una vez, por un instánte que era Michelle, pero algo me hace saber que no es así.

Durante el día he iniciado una serie de rituales químicos, por la mañana me levanto con nauseas, es ahí donde tomó una ranitidina y es hasta que llego al trabajo que los ojos dejan de lagrimear por los constantes espasmos que intentan doblarme hasta vomitar. Eso, ya no es tan pesado, hace dos años cuando Natalia y Giselle se despidieron me sucedía lo mismo, pero ahora la pastilla hace que no dúre tanto.

El año pasado era muy bonito ver a Giselle cada tantos meses de repente, por lo bien que me hacía, por lo lindo que era alguien que escuchara, también porque espantaba esas nauseas. Siempre fue bonito, pero ahora sin verla, desde que Mara dijo adiós en fugaz ejercicio han regresado, pero la pastilla es una gran ayuda.

Cerca de las diez de la mañana el dolor de cabeza se hace presente, no es terrible, pero es un dolor punzante muy molesto, nada que un par de aspirinas no puedan arreglar en media hora.

A medio día es hora de mi prescripción y vitaminas, son para compensar el insomnio y los días de inapetencia, el cansancio y el enojo. Éstas no sé si funcionan bien del todo.

Me asustan  ya tanto estos días.

De este fastidio del cual ya comienza a ser víctima mi trabajo y mi familia, Emily ha sido una buena compañera. Como hiciera comentario Lisa Simpson en algún momento: "Emily Dickinson ha escrito alguno de los versos más hermosos que he leído... y luego se mató triste y sola..." Ahora entre sus palabras aparece algo muy parecido a la tormenta incontrolable; Algo terrible y muy hermoso.

Poema 23 de 1858  "I Had a Guinea Golden"

I had a guinea golden —
I lost it in the sand —
And tho' the sum was simple
And pounds were in the land —
Still, had it such a value
Unto my frugal eye —
That when I could not find it —
I sat me down to sigh.

I had a crimson Robin —

Who sang full many a day
But when the woods were painted,
He, too, did fly away —

Time brought me other Robins —

Their ballads were the same —
Still, for my missing Troubador
I kept the "house at hame."

I had a star in heaven —

One "Pleiad" was its name —
And when I was not heeding,
It wandered from the same.
And tho' the skies are crowded —
And all the night ashine —
I do not care about it —
Since none of them are mine.

My story has a moral —

I have a missing friend —
"Pleiad" its name, and Robin,
And guinea in the sand.
And when this mournful ditty
Accompanied with tear —
Shall meet the eye of traitor
In country far from here —
Grant that repentance solemn
May seize upon his mind —
And he no consolation
Beneath the sun may find.

Hay quienes me dicen que alguien utiliza mágia para hacerme ésto.

El poema, a momentos siento que para que me lo dediquen, a momentos para dedicarlo.