4 oct. 2009

En la infinidad del paisaje




Y ahora que la luna llena se vuelve a ocultar trás la sombra de nuestro andar, vienen a mi los tiempos en los que solía contar las estrellas antes de hablarte, tenían que ser siete, siempre de un cielo en los púrpuras profundos de la noche recién nacida. Escuchaba tu voz, el como tejías una canción con tus palabras y respiración a través del teléfono, de como incluso nos quedabamos dormidos con los auriculares, simplemente para escucharnos dormir el uno al otro, como no lo concretamos hasta pasadas muchas muertes y separaciones de otras personas.

Ahora en la infinidad del paisaje se ha construido, dibujado una línea de contornos similares a los tuyos, en el viento oriental se carga con la sugerencia de tus perfumes, el agua juega bromas de reflejos, las sombras en el techo, el sabor de lo que como, el sabor de la tarde misma, los colores naranjas me recuerdan a tí, los colores azules me recuerdan a tí, todo lo hace, el espectro que me persigue.





Ya no es una maldición, no lo es ahora, en este momento, en este domingo, en esta habitación y sus paredes en amalgama de colores primarios, al menos no ahora. El mundo ahora es completo sobre tí, todo lo que es bello ahora es inspirado por tí. Y hay algo que pesa, entre mis pulmones, un sarcoma a veces benigno, a veces menos condescendiente, yace ahí desde hace unos meses, sospecho que andaba por ahí, conceptualizado en algún lado de mi persona desde siempre, me he acostumbrado a ese peso, a imaginarte que lo eres todo, y que núnca jamás serás nuevamente alguien en mí, no otra vez alguien, solo el algo, la brisa dedías blancos, la brisna de los parques, la caricia inexistente que siento por mi espalda.

Te amo mujer imposible, ya no te doy nombre, porque como todo lo que es sagrado, tienes tres, y el recitarlos en murmullo cariñoso, sólo hará escapar risas de otros labios rosas y de otra mirada de ojos negros.

Sonrío porque el sol me transporta a los ocasos donde solía contar estrellas, para escuchar una voz.


ACUARELAS DE KMR, TODOS LOS PAISAJES, LA MISMA FIGURA