3 oct. 2009

Rod


Rod, originalmente cargada por major deegan.

Ayer, día de luna llena, se cumplieron 50 años de la dimensión desconocida. Algo con lo que crecí, que temía desde los seis años y me sigue fascinando hasta ahora casí mis 26.

Gracias a Rod Serling conocí el terror de la soledad, que existen peores cosas que la muerte como el ser un inmortal con una gran colección de libros, y jamás poder leerlos. Que el tiempo y el destino son preescritos, y la dignidad del sufrimiento yace en aceptarlo y ser una predeterminadamente buena persona. Que el miedo más grande es aquel que creamos de lo cotidiano, y que siempre soñaremos con terrores paralelos a los que vivimos.

Gracias a Rod Serling conocí a Richard Matheson, aprendí a desconfiar de los robots, que el diablo siempre cobra y que los peceros rumbo a Pantitlan se mueven a base de gremlins.

Que el hombre más solo es aquel que vive consigo mismo todo el tiempo, el que no puede amar a los demás.

Mucho después conocí de Rod Serling la galeria nocturna, y de que en el arte se esconde la locura disfrazada de contrastes negro y carmesí, azul y amarillo, que el mundo puede ser iluminado por una bola de gas a millones de kilómetros, o por un indeferente dios dador de vida.

Que todo es cruel, por que nosotros somos crueles, que el destino final es la muerte,y eso sólo es el principio de un viaje.

Que es triste ser inteligente, pero necesario, que el colectivo es la fractal de una demencia original y natural.

Que todo eso es bueno, porque es génesis y omega.

Pobre Rod Serling, el ya lo sabía, y jamás lo negó