26 ene. 2010

Un Cuarto y un Jardín



La dulce caricia se transformo en el último adiós, cuando las barreras se han desvanecido y la brisa anunciaba un mundo de fresco mar nos decimos adiós sin pensarlo. Nos alejamos de lo que amamos para castigarnos con la terrible soledad. Tontos y aterrados nos ensimismamos. Tras las rejas vemos el ave, en la habitación imaginamos el cielo, con la puerta cerrada ansiamos el polen al otro lado de la ventana.

En días el ave se para en los barrotes, canta y nos transforma en música, en días el olor de dulces y pan se cola bajo la puerta despertando el hambre, tentando nuestras bocas secas.

Y es un día que el ave no regresa, los olores son sólo los propios y todas las flores mueren. Entonces salimos y nos preguntamos a donde se han ido, el porque nuestro jardín abandonaron ahora que estábamos listos.

Solo tierra y ceniza a nuestros pies, solo tierra y ceniza en nuestras bocas; El ave desapareció con nuestra voz, las rosas murieron de sed. La lluvia, el sol y el aire se han quedado en nosotros. La lluvia apagara el sol, el aire se llevara los restos. Sólo como tierra y ceniza quedaremos, porque ya nada vuela sobre nosotros, ya nada crece en nosotros.

Del cuarto quedaran únicamente las paredes, la oxidada puerta de acero y esa ventana con barrotes, todo lo que nosotros construimos.