27 sep. 2009

Paleta de colores para tipografía


Siendo así que el otro día, cansado por la soledad de un piso concurrido de polvo y olores antisépticos de viejas encarnaciones de limpieza, sucumbí finalmente a el resguardar la lengua de los pensamientos tontos que me aquejaban sobre la falta de felicidad, y marque, y marque y envíe mensaje aún más tonto por correo a esa señorita que en leotardos de color oscuro y mallas rosas se encaramaba a mi pecho buscando seguridad y descanso. Extraño que no supiera que era yo mas quien necesitaba su contacto. Espere un día, para que en la noche mientras observaba el techo con la impertérrita idea dormir pronto o matarme por el frío de afuera y su lluvia, y el frío de adentro y la falta de compañía. Estiré los dos veces enfundados azules de mis pies, sostuve mi teléfono, su mensaje decía:

"¿Por qué leer tu mensaje? ¿Por qué ser el personaje de tu relato? Mirar tu corazón, el mío separándolo de mi cada que das un paso, la mirada en blanco y un soplo sin suspiro antes de dejarse ir en el abismo.

Tu silencio sí es presencia"


A lo que torpemente sin idea de que estaba haciendo (como siempre, pero es un apoyo al lector novato el decirlo) respondí con la primera idea que cruzó mi mente:

"Fuiste el personaje de mi vida, luego el sueños y todos los amores que encontré en libros, no podía ser diferente en lo que escribo. Silencio, sí. Por miedo"


Y es en este momento, mañana de Domingo antes de salir a la lluvia vestido de blanco, me doy cuenta que ahora soy un personaje, he dejado de vivir mi vida y la del mundo alrededor para ser ese drama lírico del que tanto decía un amigo se componía mi existencia. EL único modo de verlo es a partir de narraciones incompletas a lectores inexistentes.

Éste soy yo, no el que ven y saludan en la calle.

Éste soy yo, condenado a vivir encerrado con barrotes de letras y el desamor de todo drama que quiere sentirse único.